
Tabla de contenido
No necesitas comprender la vida para amarla. Siente tu fe y podrás rendirte a lo que viene.
La última puerta del Ego
Necesito contarte que no puedes ‘perder’ la esperanza. Quizás hayas oído que la esperanza es lo último que se pierde, pero en realidad lo es solo para tu ego. Es la última puerta a la que puede acompañarte… y cuando tu ego la pierde, él también desaparece.
Más allá de esa puerta, de ese velo, comienza una dimensión desconocida que el ego no podrá conocer: la transcendencia. Y allí entrarás tú con tu corazón. En realidad ni siquiera con tu cuerpo. Simplemente accederás y lo sentirás. Entrarás en lo divino.
Cuando entras en certeza
¿Y cómo lo sabrás? Porque entrarás en certeza, y con ella, en amor. No hay otra opción, no se puede sentir otra cosa. Y entonces te darás cuenta de que nunca necesitaste ninguna esperanza, porque cuando estás en certeza no la necesitas. ¿Te das cuenta ahora? Los que se aferran a la esperanza son los que “al final, cuando todo se pierde”, descubren que les faltaba fe.
Este hecho me hacía pensar mucho porque me hacía evaluar mi fe. Me repetía “La esperanza es para las personas de poca fe. Los que tienen fe simplemente no la necesitan”.
La certeza vive en el presente
La esperanza vive en el futuro, pero la certeza vive en el presente, porque solo puede sentirse aquí y ahora. Es una vivencia. Cuando entras en certeza, entras en el eterno presente, donde nada falta y todo ya es.
Rendirse una y otra vez
Ya escribí una entrada sobre la rendición. Pero en este camino te darás cuenta que nunca se deja de profundizar y volver a repetir lo aprendido, solo que cada vez más hondo. En esta etapa de mi aprendizaje, estoy profundizando mucho en mi rendición. Quiero que esta cada vez sea más amplia y abarque más áreas de mi vida. Es mi remanso de paz.
Tu remanso de paz
Te darás cuenta de que necesitarás que este remanso sea cada vez más grande. Con el paso de los años, los miedos “pequeños” ya no te afectarán, y se irán quedando los más delicados en la orilla. ¿Alguna vez en la playa has buceado más profundamente y has notado una corriente de agua mucho más fría que discurre por el fondo?
Seguro que te has quedado un rato sintiéndola hasta que has decidido volver a subir. Así es el miedo. De repente sientes un hilo frío que te toca y que quiere abrirse paso en tu remanso. Siempre habrá una nueva corriente fría, pero simplemente debes confiar para que tu remanso no varíe su temperatura.
Los actos de fe
El crecimiento espiritual implica actos de fe. Y debes estar dispuesto a sentirlos y dejarlos crecer, aunque implique miedo y soledad. Y este es uno de los aspectos que hacen de la rendición un evento difícil. La rendición ocurrirá en tu interior, independientemente de todo lo que pase afuera. Y no importa si intentas sonreír o demostrar valentía. Llegado el momento estarás solo y deberás llevarlo a cabo. Tú solo, sin engaños. En certeza.
La aceptación de la vida
Hay otro aspecto que hace la rendición un proceso complejo: la aceptación de tu vida. Cualquier desafío que vivas, que se te presente o que tengas sin resolver, implicará un tiempo de asimilación.
Idealmente, desearás comprender qué está ocurriendo para poder asimilarlo. Pero este proceso puede ser largo y tortuoso si no hay una explicación válida.
Si este fuera tu caso, déjame decirte que ni siquiera necesitas comprender lo que ocurre. Sería lo más recomendable, pero no lo necesitas. No necesitas comprender para aceptarlo. Tu corazón no necesita comprender, ese no es su idioma. Comprender lo necesita el ego. Tu corazón solo siente.
La sabiduría del evento
Para que haya rendición, también deberás aceptar que eso es lo más adecuado para ti en el momento actual de tu vida. Esto tampoco es fácil. Sobre todo si no resolviste el punto anterior. ¿Cómo puede ser lo más adecuado si mi estabilidad se derrumba y siento miedo? Pues porque está ocurriendo. ¡Por eso es lo más adecuado! porque ya está pasando. Así que deberás dejarlo ser. Deberás contemplar el suceso y ver cómo entra en tu vida y se acomoda en el sofá de tu salón como si fuera su nuevo hogar.
Ama tu fe
Ahora deberás desechar la incomprensión y la rabia de reconocer que era el momento más inoportuno, o que el suceso se repite nuevamente y no es justo. No podrás hacer todo esto desde la rabia. No se puede hacer desde este origen.
La única salida será el amor. No se trata de amar el suceso, porque quizás no puedas. Pero lo que si podrás amar es tu fe. ¿Cómo lo sabrás? Porque la sentirás en todo tu interior. Te llenará y cubrirá los espacios de miedo.
La aceptación del paso del tiempo
También deberás hacer frente al paso del tiempo o la individualidad. La solución a todo llegará, pero quizás no llegue para que otros lo vean. Tu propósito de vida quizás lo desempeñes cuando tus padres no están presentes y no puedan verlo en persona. Quizás un logro tuyo no llegue para cuando tengas la salud apropiada para vivirlo en plenitud. Quizás la solución a algo llegue cuando una persona amada no pueda disfrutarlo contigo y tengas que hacerlo tú solo. ¿Por qué te cuento esto? Porque es una de las áreas de la rendición que más cuesta sentir y por tanto aceptar y amar.
La gratitud
Pase lo que pase, esta es tu vida y tendrás que vivirla con toda tu familia al completo, con parte de ella o incluso solo. Y tendrás que aceptar todas las posibilidades para vivir sin miedo. Solo así podrás rendirte a lo que la vida te tenga preparado. ¿Lo entiendes?
Y esto te dará la facultad para vivir el presente lo mejor posible, sin postergar las celebraciones o el buen humor. En esta aceptación de tu propia vida, se encuentra también la llave para sentir gratitud por el día a día. Es la antesala de la felicidad.
No importa el destino
Aprende a aceptar tu vida con las cartas que tienes, siendo agradecido por cada día que vives. Cuando agradezcas tu interminable viaje sin importar el destino, entonces podrás rendirte al camino y la experiencia. Sin miedo, amando cada día sin necesitar una esperanza de un deseo “incumplido”, porque ya estás completo en el presente y estás abierto a cumplir todo mañana, pasado o nunca. Porque no importa el destino en sí (¡nunca importó!) sino lo que sientas cada día en tu corazón. Ese es el viaje.
Tu símbolo sagrado
Si no lo tienes ya, quiero recomendarte que te compres un colgante con el símbolo de tu religión o tu creencia.
No importa cuál sea, lo que importa es que sea especial para ti. El poder no está en el objeto, sino en lo que despierta en ti. Y mejor si está en contacto con tu piel. Puede ser un tatuaje, un brazalete, una cadena, un anillo, lo que sea.
Encuentra algo que puedas mirar o tocar, para entonces “acordarte” de tu fe. Es tu amuleto sagrado. Es tu credo. Es tu catalizador. Y mientras más lo mires o lo toques, más “recordarás” que estás protegido o apoyado por algo más grande que tú y que puedes sentir.
Cuando mi exmujer se fue con mis hijas pequeñas a vivir otro estado, yo me compré un colgante con una cruz. Es lo suficientemente pesado para poder sentirlo “acompañándome” en cada momento y en cada miedo. Sabrás cuándo es el momento de tener uno.
Siempre eres tú
Ten en cuenta esto: Todo proceso que implique una rendición se trata de ti. Toda la rendición empezará y acabará en ti. Nada ocurre fuera de ti. Y si tú estás bien, todo estará bien. Es imposible que sea de otra forma. Es así como funciona el Universo.
Cuando tu conciencia llega a un evento, no te muestra algo que puedas manipular ni inventar. Tu conciencia refleja lo que es en tu momento presente. Y tu percepción de lo que ocurre dependerá de dónde pongas tu energía: en la injusticia y el miedo, o en el amor y la potencialidad de las infinitas posibilidades. Y para sentir esta infinita potencialidad necesitarás tu fe.
El Universo cambia para ti
Cada vez que sientas un hilo frío de miedo, sal del salón y apóyate en una pared. Cierra los ojos, toca tu símbolo y declara que no importa cómo se perciba el mundo ahora mismo. No importa quién está sentado en el sofá. No importa si es injusto, incomprensible o doloroso, porque con tu limitado intelecto solo estás viendo una minúscula fracción del plan divino. Recuerda: no puedes ver el plan completo, pero sí puedes sentirlo. El suceso no es tu enemigo. No es el mal. El suceso es energía pura, es el Universo cambiando para ti.
Repite “No necesito comprender, solo necesito sentir”.
Cierra los ojos, vuelve al remanso y aférrate a tu fe. Siente la certeza.